Eso es cierto… porque la necesidad de una asignatura de Informática se basa en la consecución de todas las competencias básicas.

Las competencias básicas están definidas en el Anexo I del Real Decreto 1631/2006, por el que se establecen las enseñanzas mínimas correspondientes a la Educación Secundaria Obligatoria, publicado en el BOE nº5 del 5 de enero de 2007. En concreto, la competencia digital aparece a partir de la página 688.

Efectivamente, una lectura de la competencia digital se puede (y se debe) interpretar como algo a trabajar en distintas materias. Esto es evidente cuando se habla de que “transformar la información en conocimiento exige de destrezas de razonamiento para organizarla, relacionarla, analizarla, sintetizarla y hacer inferencias y deducciones de distinto nivel de complejidad; en definitiva, comprenderla e integrarla en los esquemas previos de conocimiento”. ¿Acaso no ocurre esto en todas las materias, tanto de ciencias como de humanidades? Por lo tanto, alcanzar este objetivo no requiere de una asignatura “digital” específica. Pero, ¿tanto de la competencia digital como del resto se puede deducir la necesidad de otras asignaturas? ¿De cuáles? ¿¿¿De todas??? En realidad, las competencias se adquieren transversalmente, aunque por supuesto algunas de ellas están enfocadas más a un área concreta como pueden ser Lengua o Matemáticas. A la Informática le ocurre lo mismo: está íntimamente relacionada con la competencia digital, pero el resto de competencias también se trabaja en la materia.

Como no pretendemos un estudio pormenorizado de las competencias básicas, vamos a fijarnos en algunas frases concretas de cada una de ellas, tal y como se encuentran en el BOE de 5/01/2007.

1. Competencia en comunicación lingüística

Esta competencia se refiere a la utilización del lenguaje como instrumento de comunicación oral y escrita, de representación, interpretación y comprensión de la realidad, de construcción y comunicación del conocimiento y de organización y autorregulación del pensamiento, las emociones y la conducta.

Para todo aquél que quiera reconocerlo, la programación de ordenadores es una herramienta utilísima para mejorar esta competencia, del mismo modo que conocer una lengua extranjera facilita el aprendizaje de otras nuevas. En la programación se aprende un lenguaje bien estructurado, que permite comunicar órdenes y razonamientos, sin ambigüedades léxicas, sintácticas o semánticas.

Comprender y saber comunicar son saberes prácticos que han de apoyarse en el conocimiento reflexivo sobre el funcionamiento del lenguaje y sus normas de uso, e implican la capacidad de tomar el lenguaje como objeto de observación y análisis.

Los lenguajes de programación son una versión muy simplificada del lenguaje natural que ayuda a comprender ambos. Un lenguaje de programación implica un conocimiento reflexivo del mismo, y dispone de unas normas de uso muy claras y definidas. La comparación entre distintos lenguajes de representación o programación implican claramente la observación y el análisis.

2. Competencia matemática

Sin duda, una de las más beneficiadas por la inclusión de una asignatura fuerte de Informática.

Forma parte de la competencia matemática la habilidad para interpretar y expresar con claridad y precisión informaciones, datos y argumentaciones, lo que aumenta la posibilidad real de seguir aprendiendo a lo largo de la vida, tanto en el ámbito escolar o académico como fuera de él, y favorece la participación efectiva en la vida social.

Esto podría ser la definición informal de un programa informático. Ante un problema que ha de resolverse mediante programación, hay que interpretar, analizar y expresar el problema usando datos y algoritmos. Lo cual aumenta la posibilidad real de seguir aprendiendo a lo largo de la vida. El alumno necesitará seguir aprendiendo Informática toda su vida, a la par que la Informática le ayudará a seguir aprendiendo toda su vida. Es recíproco. No podemos romper este vínculo por una visión negativa de la Informática, cuando debería ser todo lo contrario.

Asimismo esta competencia implica el conocimiento y manejo de los elementos matemáticos básicos (distintos tipos de números, medidas, símbolos, elementos geométricos, etc.) en situaciones reales o simuladas de la vida cotidiana, y la puesta en práctica de procesos de razonamiento que llevan a la solución de los problemas o a la obtención de información. Estos procesos permiten aplicar esa información a una mayor variedad de situaciones y contextos, seguir cadenas argumentales identificando las ideas fundamentales, y estimar y enjuiciar la lógica y validez de argumentaciones e informaciones. En consecuencia, la competencia matemática supone la habilidad para seguir determinados procesos de pensamiento (como la inducción y la deducción, entre otros) y aplicar algunos algoritmos de cálculo o elementos de la lógica, lo que conduce a identificar la validez de los razonamientos y a valorar el grado de certeza asociado a los resultados derivados de los razonamientos válidos.

Más claro, el agua. Diversas áreas de la Informática ayudarían a alcanzar esta competencia básica: programación, sistemas operativos, bases de datos, comunicaciones, seguridad informática…

3. Competencia en el conocimiento y la interacción con el mundo físico

El simple nombre de esta competencia ya debería bastar para entender la importancia de una asignatura de Informática. ¿No está el mundo que nos rodea influenciado (cada vez más) por los dispositivos informáticos, y con ello nos referimos a los mundos industrial, laboral, sociocultural, familiar, natural, etc.?

En definitiva, esta competencia supone el desarrollo y aplicación del pensamiento científico-técnico para interpretar la información que se recibe y para predecir y tomar decisiones con iniciativa y autonomía personal en un mundo en el que los avances que se van produciendo en los ámbitos científico y tecnológico tienen una influencia decisiva en la vida personal, la sociedad y el mundo natural. Asimismo, implica la diferenciación y valoración del conocimiento científico al lado de otras formas de conocimiento, y la utilización de valores y criterios éticos asociados a la ciencia y al desarrollo tecnológico.

Obviamente, esta competencia está encaminada al aprendizaje, basado en la ética, de la relación del ser humano con su entorno. No queremos aquí realizar una interpretación torticera de esta competencia básica. Simplemente queremos dejar constancia de la posibilidad de que cierta competencia pueda ser alcanzada a través del currículo de diversas asignaturas, entre las que se podría (y debería) incluir la Informática.

4. Tratamiento de la información y competencia digital.

¿Qué decir de esta competencia básica?

La competencia digital incluye utilizar las tecnologías de la información y la comunicación extrayendo su máximo rendimiento a partir de la comprensión de la naturaleza y modo de operar de los sistemas tecnológicos, y del efecto que esos cambios tienen en el mundo personal y sociolaboral.

¿Cómo comprender la naturaleza y modo de operar de los sistemas tecnológicos sin estudiarlos a fondo? Claramente con un currículo orientado a tal fin. Lo discutible es si dichos contenidos debieran incluirse en una asignatura de Informática o de Tecnología, pero de eso hablaremos al final.

Asimismo supone manejar estrategias para identificar y resolver los problemas habituales de software y hardware que vayan surgiendo.

¿Qué estrategias son éstas? ¿Cuáles son los problemas de software y hardware? ¿Cómo se instalan drivers, cómo se configura el sistema operativo, cómo se configura un router? También podría ser cómo se programa un ordenador, cuáles son sus componentes hardware y cómo se relacionan entre ellos. Todo esto es subjetivo e interpretable, pero una asignatura fuerte de Informática, donde se trataran las áreas de hardware, sistemas operativos, programación y algorítmica, servirían más que cualquier otra asignatura a alcanzar este objetivo.

Requiere el dominio de lenguajes específicos básicos (textual, numérico, icónico, visual, gráfico y sonoro) y de sus pautas de decodificación y transferencia, así como aplicar en distintas situaciones y contextos el conocimiento de los diferentes tipos de información, sus fuentes, sus posibilidades y su localización, así como los lenguajes y soportes más frecuentes en los que ésta suele expresarse.

¡Que me aspen si esto no implica el aprendizaje de estructuras de datos, lenguajes de programación y protocolos de comunicación!

5. Competencia social y ciudadana

Si la competencia en el conocimiento y la interacción con el mundo físico ya quisimos relacionarla con el mundo digital en el que se ve envuelto el alumno, más sentido tiene esta interpretación a la hora de tratar la competencia social y ciudadana.

En consecuencia, entre las habilidades de esta competencia destacan conocerse y valorarse, saber comunicarse en distintos contextos, expresar las propias ideas y escuchar las ajenas, ser capaz de ponerse en el lugar del otro y comprender su punto de vista aunque sea diferente del propio, y tomar decisiones en los distintos niveles de la vida comunitaria, valorando conjuntamente los intereses individuales y los del grupo.

Cada día se hace más patente la necesidad de instruir a los alumnos en el uso responsable de lo que ha venido a llamarse las redes sociales. No se puede ignorar esta necesidad, y sólo queda decidir dentro de qué materia habría de tratarse dicha temática. Si existiera una asignatura troncal de Informática, impartida por profesorado especialista, ¿a alguien le cabe alguna duda de que debería ser en dicha asignatura donde se trataran de forma rigurosa y profesional estos temas? Más que nada porque la interacción con la sociedad a través de los dispositivos digitales no sólo incluye las redes sociales, sino también la mensajería instantánea, chats, blogs, foros, etc. Hay que conocer la legislación al respecto y las normas de seguridad apropiadas para el uso de estas herramientas. ¿¿¿Sería lógico incluir estos conceptos en Educación para la Ciudadanía???

6. Competencia cultural y artística

Esta competencia es la única en donde la Informática sólo es útil como herramienta de trabajo.

En síntesis, el conjunto de destrezas que configuran esta competencia se refiere tanto a la habilidad para apreciar y disfrutar con el arte y otras manifestaciones culturales, como a aquellas relacionadas con el empleo de algunos recursos de la expresión artística para realizar creaciones propias.

El uso de los ordenadores para creaciones artísticas (ya sea en forma de retoque fotográfico, diseño vectorial, edición de música o vídeo, o incluso impresión 3D) no necesita de una asignatura de Informática, aunque la existencia de ella facilitará a las asignaturas plásticas el uso de los ordenadores sin necesidad de las malditas clases previas a principio de curso para explicar conceptos informáticos mínimos que todos los alumnos deberían conocer.

7. Competencia para aprender a aprender

Esta competencia es fundamental para cualquier alumno, y ha de ser tratada en todas las materias. No se estudia Física para aprender la fórmula de la aceleración, sino para comprender el mundo que nos rodea y seguir aprendiendo cosas nuevas basándonos en los conocimientos ya asentados. La Informática como ciencia (Ciencias de la Computación) es posiblemente uno de los casos más claros de que es más útil aprender a aprender que el propio conocimiento adquirido.

Implica asimismo la curiosidad de plantearse preguntas, identificar y manejar la diversidad de respuestas posibles ante una misma situación o problema utilizando diversas estrategias y metodologías que permitan afrontar la toma de decisiones, racional y críticamente, con la información disponible.

¿Cuáles son esas estrategias y metodologías que permitan la toma racional de decisiones con la información disponible? La programación es una herramienta que proporciona al alumno esa visión estructurada de los problemas y sus soluciones.

En síntesis, aprender a aprender implica la conciencia, gestión y control de las propias capacidades y conocimientos desde un sentimiento de competencia o eficacia personal, e incluye tanto el pensamiento estratégico, como la capacidad de cooperar, de autoevaluarse, y el manejo eficiente de un conjunto de recursos y técnicas de trabajo intelectual, todo lo cual se desarrolla a través de experiencias de aprendizaje conscientes y gratificantes, tanto individuales como colectivas.

Nada más gratificante para un alumno que hacer un programa que funciona, que hace lo que el alumno quería que hiciese. ¡Y esto lo decimos por experiencia!

8. Autonomía e iniciativa personal

Supone poder transformar las ideas en acciones; es decir, proponerse objetivos y planificar y llevar a cabo proyectos. Requiere, por tanto, poder reelaborar los planteamientos previos o elaborar nuevas ideas, buscar soluciones y llevarlas a la práctica. Además, analizar posibilidades y limitaciones, conocer las fases de desarrollo de un proyecto, planificar, tomar decisiones, actuar, evaluar lo hecho y autoevaluarse, extraer conclusiones y valorar las posibilidades de mejora.

Nuevamente lo que podría ser una definición de varias disciplinas dentro de la Informática, pero especialmente de la programación (y en general de toda la ingeniería del software) y del diseño de bases de datos. La Informática como ciencia (Ciencias de la Computación), aunque permite trabajo en equipo, es esencialmente un reto de autonomía e iniciativa personal en sí misma. Una asignatura (fuerte, seria y rigurosa) de Informática hará a los alumnos personas autosuficientes en multitud de situaciones en las que, hoy por hoy, han de recurrir al “amigo que se le da bien la Informática”. ¿Por qué no fomentar una sociedad donde todos sus componentes sean personas a las que “se les da bien la Informática”?

Y por último… ¿Informática o Tecnología?

Imagínese un sistema educativo en el cual existieran estas dos asignaturas: “Medicina general” y “Neurología”. Ahora imagínese que entre las distintas especialidades del profesorado (a las cuales concurren libremente mediante concurso oposición aquellos que así lo deseen) existiesen las de “Medicina” y “Neurología”. Es evidente que la segunda está incluida en la primera, pues la segunda es una rama (una especialización) de la primera. También es evidente que, en un sistema educativo que tuviese esas asignaturas, los profesores de la especialidad de “Medicina” podrían dar, con mayor o menor preparación, la asignatura de “Neurología”. Pero, ¿no sería lógico para dicha asignatura el profesorado especializado en ella, aprovechando que “ya están ahi”, dentro del sistema educativo? ¡No hay que formar a los profesores de “Medicina” porque ya disponemos dentro del sistema de profesores de “Neurología”!

Actualmente, y ahora sí hablamos del sistema educativo español real, un profesor de la especialidad de Física y Química es perfectamente capaz de enseñar Matemáticas, pues tanto por su formación académica como por su temario de oposiciones acredita de sobra los conocimientos necesarios para impartir esta asignatura. Sin embargo, existiendo profesores especializados exclusivamente en Matemáticas, ¿para qué recurrir a los de Física y Química?

Pues bien, con la Tecnología y la Informática ocurre lo mismo, con el agravante de que un profesor de Tecnología no acredita necesariamente conocimientos de Informática ni por su formación académica ni por el temario de oposiciones de su especialidad. Ni siquiera suele darse el caso. A este respecto desmontamos otros tópicos muy manidos en los siguientes enlaces: