Y todas las lenguas, incluidas el latín y el griego, deberían, por esa regla de tres, estar integradas en una única asignatura. O todas las ciencias. O las diferentes asignaturas de matemáticas del bachillerato. Si las citadas materias se consideran suficientemente dispares como para impartirlas en asignaturas independientes, ¿por qué no se quiere entender de la misma forma cuando se habla de ordenadores (Informática) o de neumática e hidráulica (Tecnología)?

El mismo criterio que nos lleva a separar el latín del griego nos debería hacer separar la tecnología de la informática. La actual legislación, pues, ha cometido un error al incluir temática informática dentro de la asignatura de Tecnología. Por ello, justificar la atribución de la asignatura de Informática a Tecnología basándose en la (injusta) legislación actual, es partir de una premisa falsa y, por tanto, sólo conduce a una conclusión falsa, pero claramente ventajista (¿o podríamos decir “corporativista”?).

Es más, ¿el temario de oposiciones de la especialidad de Tecnología abarca lo que eufemísticamente se ha dado en llamar “Nuevas Tecnologías”? Como acabamos de ver, sólo incluye un tema. ¿Pueden, entonces, los tecnólogos atribuirse una asignatura, sea la que sea, por el mero hecho de que incluya algún tipo de tecnología?